13 de octubre de 2007

TRES TERCIOS

El primer tercio sería la infancia y la adolescencia. Preparar, aprender a distinguir a elegir porque si no aprendemos a distinguir lo bueno de lo malo al final del camino no sabriamos cómo decidir cuál tomar.
El segundo tercio equivale a la juventud y la adultez. Cada cosa a su tiempo..
El tercer tercio de la cosecha equivale a la madurez.
Tomar finalmente la decición, avanzar por el camino elegido.

Cuando uno deja de ser un adolescente, les dice (o sería bueno que les dijera) a sus padres:
“A partir de ahora dedíquense a ustedes, porque de mí me ocupo yo.”
Uno tiene que aprender a hacerse cargo de sí mismo, aprender a responsabilizarse de uno, aprender la autodependencia.

Aquellos hijos que no terminan de deshacerse, que se quedan prendidos de los padres sin animarse a subir al trampolín y saltar, en parte lo hacen por una responsabilidad de los padres, que no supieron enseñarles a hacerlo, y en parte por una responsabilidad de ellos.
Los padres tendrán que mostrar a estos hijos, aunque sea tardíamente, que deben soltarse, que uno no está para siempre.
Con mucho amor y mucha ternura, estos padres deberán entornar la puerta y... pegarles una patada en el culo.
Porque en algún momento los padres tienen que aprender a hacer esto si es que los hijos no lo hacen.
Habitualmente, los hijos aprenden y se van solos... Pero si no lo hacen, lamentablemente, en beneficio de ellos y nuestro, será bueno empujarlos a que abandonen esa dependencia.

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